La obra que se presenta a continuación es de aquellas obras que podríamos catalogar como inmortales. Lo digo no solamente por su vasta influencia en el mundo de la doctrina política sino por cuanto de su capacidad de síntesis se colige una lectura permanente. Este celebre ensayo servirá de constante guía para aquellos lectores que quieran mantenerse actualizados en el conocimiento del conservadurismo.
No quisiera defraudar a Borges al momento de escribir un prólogo extenso (que no lo es) pero si lo suficientemente holístico para recoger lo que a mi juicio hace de especial valía este escrito.
Lo primero es su precisión, capacidad de síntesis y sintonía: precisión en datos, contextualización histórica e ilación de momentos y experiencias vividas por los más grandes estadistas y líderes políticos conservadores del “viejo continente” y de los Estados Unidos de Norteamérica que permiten trazar las características conceptuales mínimas del conservadurismo así como las condiciones básicas de sus dirigentes; la capacidad de síntesis toda vez que en pocas hojas ha recogido una ilimitada historia ligada siempre al concepto de lo conservador. Historia rica en experiencias, citas célebres de pensamiento y conducta así como episodios de indiscutible aprehensión para los humanistas y políticos precursores de cualquier ideología política. Y, digo, sintonía como quiera que, por todo lo anotado, este texto entra
a engrosar la lista de libros de obligada lectura para aquellos que quieran saber el por qué de lo que sucede en la actualidad y gracias a quienes y con qué criterio decidieron forjar en el pasado nuestro infinito presente.
La única gran responsabilidad que nos cabe como comunidad política es no colocar a los mejores hombres y a las mejores y más decentes y capacitadas mujeres a gobernar, a liderar los procesos de cambio, a generar instituciones que nos alejen de las parroquiales y tropicales tiranías caudillistas, populistas y personalistas. De eso se trata este texto, de desvirtuar acuñadas falacias del subdesarrollo patrio, de comprobar las bondades del buen gobierno y de la institucionalidad política y de aprender de una senda de buenos consejos, todos ellos dentro del marco de la seguridad (seguridad policiva, seguridad económica, seguridad jurídica, seguridad política etc…) que demarcan el correcto accionar de los gobiernos y que hacen predecibles y legítimas sus decisiones.
La pieza que hoy entregamos al mundo académico, político, sindical y empresarial es de incalculable valor para todos aquellos que, como yo, vemos en la franqueza de los escritores un requisito sine qua non para empoderar su mensaje y llenarlo de vitalidad y utilidad.
Léanlo, reléanlo y téngan siempre como faro de seguimiento este libro para que el barco de la conciencia política y el norte de las actuaciones sociales no se vean nuevamente comprometidas, perdidas y escabullidas en fantasmagóricas y facilistas teorías socialistas tan pendencieras e inútiles como obsoletas y anacrónicas.